JUJUY
"La
premura que el oficialismo ha impuesto al la transferencia de la
propiedad y control de los subterráneos y de la fiscalización de 33
líneas de colectivos impide un debate profundo y prolongado que el tema
merece", así se refirió Miguel Giubergia en su exposición sobre la
política de transporte del gobierno nacional.
"La política de transporte del
gobierno nacional es un fracaso y, además, se montó un esquema muy
permeable para la aparición de la corrupción, claramente demostrado en
las más de veinte causas penales abiertas contra el ex secretario de
Transporte, Ricardo Jaime".
"La planificación de una
transición desde esta estructura inequitativa, ineficiente y vulnerable
hacia una matriz eficiente y sólida hubiera requerido de la elaboración
de un diagnóstico adecuado. No basta con describir a la ligera la forma
en la que viajan la mayoría de los ciudadanos de este país, las
estructuras de transporte son vetustas, los servicios son prestados en
condiciones lamentables".
"La soberbia de un gobierno que
pretende saberlo todo y laimprovisación por parte del Jefe de Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires son las características que sobresalen en
este debate. En Argentina, el tema transporte ha tenido atención
esporádica, generalmente en respuesta a terribles accidentes. Si
queremos debatir el largo plazo, el proyecto de país al que nos
encaminamos, esa no puede ser la característica del debate de un tema
tan importante".
"¿Qué pasó para que, de un día
para el otro, una administración que ha centralizado la distribución de
los recursos, que ha concentrado para sí la mayor parte del aumento de
la recaudación tributaria registrada en el país tras la salida de la
crisis, que ha hecho gala de la discrecionalidad en el gasto, que ha
puesto de rodillas a gobernadores e intendentes ávidos de recursos,
recuperara repentinamente la idea del federalismo presente desde el
Artículo 1 de nuestra Constitución Nacional y transfiriera la Concesión
de la Red de Subterráneos a la Ciudad de Buenos Aires?. La respuesta
está en la palabra subsidios".
"Año a año hemos visto como el
monto de los subsidios al transporte y a la energía han ido creciendo,
de la mano de la inflación. Tarifas fijas con inflación y costos
crecientes, ha hecho que el monto de los subsidios se alcanzara
magnitudes macroeconómicas, prácticamente 80 mil millones de pesos
durante el año pasado y es ya una proporción importante del presupuesto
nacional. Es una trampa que el propio gobierno se ha construido y de la
cuál no sabe cómo salir. Son prácticamente cuatro puntos del producto.
Es insostenible en el tiempo y más cuando sabemos que este año vamos a
crecer menos: las circunstancias internacionales han cambiado y el
gobierno no ha encarado los cambios macroeconómicos necesarios para
enfrentarlos. Esta transferencia es hija de las necesidades fiscales del
gobierno".
"El Poder Ejecutivo anunció que
iba a reducir los subsidios e invitó a los ciudadanos a que renuncien a
ellos. Allí es que han salido a la luz las distorsiones de este esquema,
que lesionan la distribución de ingresos que este gobierno dice
perseguir. En ese intento fallido hemos visto también hasta el ridículo:
funcionarios públicos de nivel de vida acomodado haciendo gala de dicha
renuncia, tras ocho años de beneficiarse con tarifas más baratas para
la climatización de su pileta cubierta en su departamento de Puerto
Madero".
"Ello no significa que las
tarifas subsidiadas no hayan alcanzado también a sectores de la
población más necesitados o con más carencias. Significa que durante un
tiempo más que prolongado el dinero público se utilizó también para
solventar elevados niveles de vida de quienes no necesitaban asistencia
por parte del Estado. Mejores destinos, ciertamente, pueden imaginarse
para esos recursos. No sólo hubo falta de control, por parte de quienes
debían hacerlo. El criterio de equidad y justicia social estuvo
claramente ausente en el proceso de asignación de estos millonarios
recursos. Tampoco hubo equidad desde el punto de vista geográfico. Y eso
también debe revisarse".
"Pero trasladar mayores tarifas a
la población no es sencillo, especialmente luego de un período tan
prolongado con la consiguiente distorsión tarifaria. Obsérvese la
contradicción en que incurre el discurso oficial, primero incentivando
el consumo aún en artículos para el hogar de uso intensivo de energía
como los aparatos de aire acondicionado. Luego debemos decirle a la
población que deberá destinar una mucho mayor parte de sus ingresos para
afrontar el costo de la electricidad. Como el costo político de este
proceso es creciente, el programa de reducción de los subsidios
iniciados a fines del año pasado ya ha sido suspendido y el gobierno no
sabe como salir de la propia trampa que se ha armado".
"Una forma, un atajo, que el
Poder Ejecutivo encontró de disminuir una parte menor de esos subsidios
ha sido trasladar el servicio de subterráneos a la Ciudad de Buenos
Aires. El Estado nacional podría ahorrarse poco más 700 millones de
pesos anuales asignados a la empresa Metrovías, transfiriendo los subtes
a la Ciudad de Buenos Aires. Estos subsidios financian alrededor del 80
por ciento de la operación del servicio. El Estado se ha convertido,
mediante el congelamiento de la tarifa en un contexto de alta inflación y
costos crecientes, en el responsable de pago de los salarios del
personal que dependen de una empresa privada. Esta política de subsidios
sin control ha resultado en que al concesionario le resulte
prácticamente irrelevante cuánto es la tarifa que le cobre al público
usuario ya que ha convertido a conductores de trenes, guardas y
boleteros en empleados públicos".
"Nosotros acompañamos el
proyecto con disidencia parcial, ya que hemos impulsado la autonomía
plena de la Ciudad de Buenos Aires. Además, la doctrina de los actos
propios hace que no podamos desconocer el Acta Acuerdo firmada por la
Nación y la Ciudad a través de los funcionarios intervinientes. Pero,
queremos debatir y analizar todos los aspectos concernientes a la
política de subsidios que aún está vigente para que sean repartidos en
base a los criterios de equidad, evitando la discrecionalidad y las
distorsiones que caracterizaron a buena parte del período reciente".

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