Por Miguel Giubergia, Diputado Nacional de la UCR por Jujuy.
En
plena era de la globalización y del reordenamiento de las relaciones
entre los Estados, la Diplomacia Parlamentaria ha adquirido una
importancia vital en la construcción de una política exterior de los
Estados.
En este contexto, podemos hablar
de que la diplomacia parlamentaria tiene tres objetivos centrales: 1)
auxiliar en la democratización de la política exterior, 2) fortalecer la
división de poderes en forma de una auténtica colaboración entre
autoridades en política internacional y 3) trabajar en la transformación
conceptual de la globalización hacia una verdadera mundialización.
La Diplomacia parlamentaria
tiene un rol importante en este nuevo momento del conflicto por las
Islas Malvinas con Gran Bretaña. No hay duda que las acciones del
gobierno argentino no puede más superar la instancia declaratoria, por
ser este una región de paz y por no estar en condiciones de enfrentar
ni política ni operacionalmente una escalada en este conflicto. El
continuar generando buenas relaciones y acciones de entendimiento puede a
la larga posibilitar avances en una causa que no es coyuntural sino de
largo plazo, una causa nacional.
Los legisladores tenemos hoy,
una posición privilegiada dentro del esquema de nuevos actores
relevantes en la política internacional entre otras razones porque se
han constituido en el nexo entre el poder y los ciudadanos. En materia
internacional, la diplomacia parlamentaria de nuestro país también
trabaja para involucrar en su concepción a la sociedad civil buscando
transformar sus necesidades y demandas en posiciones y decisiones de
política exterior.
Si bien el manejo de las
relaciones exteriores es una atribución exclusiva del Poder Ejecutivo
Nacional, desde la ampliación de las facultades de los entes
subnacionales para la celebración de convenios internacionales han
multiplicado su proyección transnacional en diferentes niveles de
ejecución y complementariedad. En este sentido, los diputados y
senadores son un canal fundamental y complementario de la diplomacia
tradicional.
Las relaciones entre los
parlamentarios constituyen mucho más que un apoyo al ejecutivo: en
varias oportunidades, han tenido un rol protagónico en la elaboración y
sostenimiento de redes de cooperación internacional.
Un ejemplo paradigmático es la
aprobación prácticamente en sesión simultánea de la Cámara de Diputados
chilena y de los Senadores argentinos para resolver la disputa de los
Hielos Continentales en los 90, poniendo en vigencia el acuerdo
rubricado por los Presidentes Carlos Saúl Menem y Eduardo Frei.
A través de esta iniciativa
nuestro país y Chile dejaron atrás un litigio de una década por 24
puntos de disputa que en 1978 casi nos lleva al enfrentamiento armado.
El éxito de este tratado luego de siete años de estancamiento, fue el
logro de la diplomacia parlamentaria, uniendo en un trabajo conjunto a
legisladores del oficialismo y de la oposición fue un ejercicio de
pluralismo, concertación y generación de confianza.
El establecimiento de Grupos
Parlamentarios de Amistad, los intercambios de cumbre entre presidencias
de los Bloques Legislativos, y la creación de Comisiones para el
tratamiento y resolución de temas complejos representan mecanismos de
importancia para el logro de objetivos comunes, y son algunas de las
propuestas de apoyo para el mejoramiento de las relaciones entre los
Estados. De este modo, la diplomacia parlamentaria se posiciona como un
nuevo espacio legislativo permanente entre países, cumpliendo no sólo un
rol fundamental en el fortalecimiento de las relaciones
internacionales, sino en la profundización de los vínculos entre
sociedades.
En línea con lo anterior podemos
agregar también que, todas las instituciones creadas en la región en
los 90 están en sintonía con este tipo de acciones. El Mercosur y la
UNASUR posteriormente se firmaron bajo la consigna de la plena vigencia
de las instituciones democráticas como elemento indispensable de
existencia y el sostenimiento.
Desde ese momento no fue posible
avanzar en procesos de integración que no contemplasen su
instrumentación bajo formas democráticas y representativas de gobierno y
que legitimen sus decisiones en el consentimiento de sus gobernados. A
esto hay que agregarle que si bien la prioridad de los países del
Mercosur era la creación de un mercado ampliado otros temas tuvieron
prioridad en su tratamiento en la agenda de los estados, es decir, se
establecía también como una zona de paz y democracia.
Por último, la participación de
los legisladores en este tipo de iniciativas permite aumentar la
visibilidad del Parlamento, de su labor y de los debates que generan. En
el camino de la Diplomacia parlamentaria es para destacar esta
actividad por su acción multilateral y el progreso de la democracia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario