JUJUYFueron diez años de sometimiento y abuso sexual. Ella tenía12, él se había “juntado” con su mamá. El, abogado, la llevó a ella a sus 15 años a trabajar a su estudio. Y ella redujo desde allí su vida a trabajar en el estudio jurídico, ya los sometimientos sexuales cotidianos. Las amenazas y los golpes eran tancotidianos como las violaciones en Humahuaca, en San Salvador de Jujuy, en San Pedro (siempre con viajes que él justificaba a su mujer y madre de su víctima con “viajes de trabajo”).
Pero los miedos que implicaba su violencia física ypsicológica, por su “alardeo” de ser amigo de los jueces y de delincuentes que le debían “favores”, la vergüenza, la culpa y la indefensión, terminaron o se transformaron, o se aminoraron, cuando ella, enamorada de un joven, quedó embarazada de este último, y Torres a golpes la hizo abortar dejándola tirada en la oficina de su estudio jurídico.
Hasta ahí llegaron los escondites y los secretos. Ella se escapó de los matones con los que él la vigilaba (muerto de celos y arrancándole el juramento a ella de que no lo vería más a su novio) y tuvo un refugio que le ofreció la madre de su novio.
Las violaciones se habían intensificado cuando él se enteró que ella estaba de novia. Se intensificaron el control, las amenazas, y hasta la manipulación de una escopeta delante de ella.
¿Y porqué no denunció antes? Es la pregunta habitual. Y la respuesta es siempre la misma: una psiquis que el abusador se encargó de “enfermar”y atemorizar, hizo que fuera más importante que “sus hermanitos no se queden sin padre” que su propia integridad (y desde ya, con una abuso sexual “naturalizado”). Su estado de indefensión fue total. Su sometimiento fue constante y aprendido como “regular y cotidiano”.
Ella hoy pudo liberarse, y empezar a tener una vida digna. Sigue con los miedos a él. La aterroriza. Pero se animó a hacer la denuncia, apoyada por una psicóloga del Hospital Público que desde esa profesión ayudó como debe ayudarse a las víctimas de abuso sexual. Y más: acreditó con su informe los años de sometimiento sexual y el claro daño que todo ello generó en su psiquis, incluyendo el trastorno por estrés post traumático.
La denuncia en el Juzgado del Juez Gutierrez (y otra en el Juzgado de la Jueza Perez Rojas en San Pedro) aún no tuvo como resultadola detención de Torres Jorge Antonio, pero ella y muchos de quienes la rodean,emprendieron el camino de acompañarla y lograr Justicia. Quieren la cárcel para Torres, urgente, y una vida plena para ella: porque tiene que recuperar sus años en los que solo la opresión, el sometimiento sexual y la indefensión fueron su vida cotidiana.
Es así que un afiche de denuncia con su foto pobló los pasillos de Tribunales de la capital jujeña, y que la policía se encargó de sacar en instantes. Y luego un escrache le pintó con aerosoles las paredes de su estudio jurídico en Otero 51. Y esta historia, una más en esta provincia y en este país, solo tendrá el comienzo del final cuando en la Sala de una Cámara Penal, se lea su condena a prisión. La Casa de la Mujeres Unidas por la Lucha está organizándose para lograr ese objetivo.
Por Claudia Borges
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